Pues prepárense: el capítulo será largo. Hay una razón de peso por la que he decidido hacerlo así: los hábitos influyen enormemente en nuestra vida. Si les parece que el capítulo ha quedado largo, les recuerdo a James Clear, autor de "Hábitos atómicos. Cómo adquirir buenos hábitos y dejar los malos". Ese libro es muy bueno y de vez en cuando tomaré ideas suyas.
Si quieren que su vida cambie a mejor y sea más eficaz y productiva, los hábitos son lo primero que conviene revisar en uno mismo. Pueden ignorar otros puntos de este libro sobre factores que frenan o ayudan, pero no los hábitos. Para que les sea más fácil seguir la estructura del capítulo, primero describiré en líneas generales qué son los hábitos, luego hablaré de hábitos malos y buenos. En cada grupo explicaré con detalle por qué conviene deshacerse de unos y adquirir otros, y sobre todo cómo hacerlo. Vamos allá.
A lo largo del día una persona hace muchas cosas distintas: acciones repetidas cada día como lavarse los dientes, asearse, ir al trabajo, ver la tele y entrenar, y cosas más raras o puntuales —por ejemplo hablar en reuniones, viajar a familiares a otro país, limpiezas a fondo del piso, etc. Unas se hacen con facilidad y sin pensarlo; otras generan inquietud, dificultad y resistencia interior. En lo que hacemos a diario y ya tenemos asumido no gastamos mucho esfuerzo físico ni mental. Simplemente lo hacemos, a menudo con calma y hasta sin emoción, ahorrando así recursos. En esencia, todo eso son nuestros hábitos. Algunos los hemos adquirido por casualidad (por ejemplo comer siempre delante del ordenador), otros los tomamos de los padres (tacos) o, imitando a compañeros, empezamos a usar muletillas. Por capítulos anteriores sabemos que el entorno en que crecimos influye mucho y nos impone ciertos hábitos.
Cuando la gente dice "hábito" suele referirse a malos hábitos. Hemos oído "malos hábitos" refiriéndose por ejemplo al alcohol y al tabaco. En realidad el tabaco y el alcohol son solo la punta del iceberg de los malos hábitos. Sí, afectan a la salud, pero en este libro hablamos más del tiempo que de la salud: de lo valioso que es y de lo corta que es la vida. Claro que el alcohol y el tabaco acortan una vida ya corta. Mi abuelo murió de un cáncer que desarrolló fumando toda la vida, pero al menos llegó a 70 años. Entre los malos hábitos hay otros más destructivos que el tabaco y el alcohol: los que tienen que ver con malgastar nuestro tiempo. Redes sociales, series, videojuegos y televisión son la droga principal de nuestro tiempo. Se llevan a veces 5–7 horas o más al día sin hacernos más felices, ni más listos, ni más exitosos.
Fíjense en que no he puesto internet en la lista como punto aparte. Internet en conjunto, bien usado, puede ser útil. Todo el conocimiento del mundo está en internet. También se puede pedir comida, comprar billetes de tren sin ir a la estación o a una tienda. Con un uso moderado internet puede ser un gran ayudante. Además, para mucha gente el trabajo —la forma de ganarse la vida— está ligado directamente a internet. Así que internet en sí no tiene por qué ser malo; lo importante es saber usarlo.
Volviendo a los principales devoradores de tiempo —series, juegos, redes y tele—, imaginen cuánto tiempo liberarían para algo más útil si dejaran de hacerlo. Por ejemplo para viajar, visitar a la familia, pasear (escribiré sobre su importancia más adelante) o simplemente para trabajar. Claro que muchos ven los juegos y las series como forma de descansar después del trabajo. Pero si así es como ocupan su tiempo personal, les recomendaría más bien cambiar a un trabajo que les canse menos o, al menos, después del cual no les apetezca usar el tiempo personal en ese tipo de descanso.
En principio quizá no vería nada malo en la tele o las series si no fuera porque mucha gente degrada intelectualmente por su culpa. O al menos deja de desarrollarse. Lo que no crece se oxida. Si ese escenario les va, sigan así.
Sigo confiando en que, como han cogido este libro, están dispuestos a cambiar. Y eso implica dejar los malos hábitos. Es el momento de recurrir a James Clear y su método. Tiene varias reglas tanto para dejar malos hábitos como para formar buenos. Como estamos con los malos e intentando librarnos de ellos, resumo sus recomendaciones. Es más fácil dejar un hábito si:
- El comportamiento exige esfuerzo. Por ejemplo con la tele, dejen el mando en otra habitación para tener que hacer un esfuerzo para encenderla desde el sofá. En redes pueden cerrar sesión cada vez para tener que volver a poner usuario y contraseña cuando quieran leer el feed. Todo eso exige un esfuerzo extra, así que no cada vez que al cerebro le apetezca ver la tele o entrar en redes lo harán.
- Es invisible. Esfuércense en que el mal hábito sea menos visible. Si el móvil está siempre a la vista, tenderán a cogerlo. Prueben a dejarlo en un sitio menos visible. En el libro el autor va más lejos y sugiere guardar la tele en un armario. Es radical, pero a algunos puede funcionarles.
- Es poco atractivo. Subrayen las ventajas de dejar el mal hábito para que les resulte poco atractivo. Recuerden lo perjudicial que es fumar y que les va matando por dentro.
- Es difícil. Si ciertas acciones son demasiado duras para ustedes, no podrán hacerlas. Aumenten los pasos entre ustedes y el mal hábito.
- No les da placer. Hagan que el mal hábito no les dé placer. Prueben a hacer un contrato público con alguien. Pueden leer qué es eso en un capítulo más adelante.
Para ser una versión más exitosa de ustedes mismos harán falta sin duda nuevos hábitos. Cuáles en concreto lo decidirán según sus metas, aunque al final del capítulo presentaré uno principal.
Volvamos a James Clear y a sus recomendaciones para crear buenos hábitos. Un hábito se integrará antes en su vida si:
- Es obvio. Supongamos que han decidido hacer más deporte. Dejen la ropa o el material deportivo en el sitio más visible para verlos siempre. Usen concreción: "Haré [acción] a [hora] en [lugar]". Mejor aún si atan el nuevo hábito a uno ya existente, es decir lo hacen durante (o justo después de) una acción habitual. Por ejemplo el autor propone aprender una palabra nueva en otro idioma mientras se lavan los dientes.
- Es atractivo. Hagan el hábito algo que de verdad les apetezca hacer. Rodeense de gente para quien el comportamiento que buscan sea lo normal, es decir que ya tenga ese hábito. Intenten unir lo agradable y lo útil combinando algo que quieran hacer con algo que deban hacer. En último caso inventen un pequeño ritual antes del hábito difícil.
- Es sencillo. En el original el consejo es simplemente "facilítalo". Por ejemplo reduzcan los pasos hasta el hábito o no lo aten a mucho tiempo; al principio límense a dos minutos.
- Es gratificante. Usen un tracker de hábitos o cualquier otra visualización. Más abajo tengo un capítulo sobre la importancia de la visualización. También pueden usar el elogio —hay una sección sobre eso. En el ejemplo del deporte que no les apetece, dense un capricho agradable después de cada entrenamiento: un rato de ocio con un juego o una serie (aunque muchos también se lo permiten sin deporte) o vayan dejando 10 dólares en una cuenta personal para gastar en lo que sea. Inventen cualquier recompensa que les guste después del entrenamiento. Conviértanlo en ritual: primero entrenamiento, luego recompensa.
Es muy difícil cambiar hábitos sin cambiar las creencias que hay detrás. En todo el libro insisto en lo importante que es marcar metas. Es cierto, pero en este capítulo me centro en los hábitos, no en las metas. Las metas tienen siempre un final y la gente suele volver al punto de partida al alcanzarlas. ¿Perder 10 kg? Vale, hecho. ¿Y luego? La gente se relaja y vuelve a coger peso. ¿Ahorrar una suma? Vale, hecho. ¿Y luego? La gastan rápido (ojalá en algo útil) y siguen viviendo como antes. ¿Completar un maratón infocasta de internet? Vale, hecho. ¿Y luego? La vida sigue igual. Así que es mejor fijar hábitos que metas. Las metas se alcanzan y se olvidan; los hábitos se quedan.
Ahora un par de palabras sobre cuántos días hace falta para que una acción practicada se convierta en hábito. Por ejemplo Benjamin Franklin creía que no podría dominar las 13 virtudes (templanza, silencio, orden y otras) dedicando solo una semana a cada una. Si llegó a dominarlas no lo sé. Aun cuando fuera así, nosotros no somos Franklin y seguramente necesitamos más tiempo. En internet y en libros de productividad encontrarán cifras muy variadas, de varias semanas a varios días. Por eso los llamados maratones de hábitos o deseos suelen basarse en un calendario de 30 días. Tras leer el libro de Clear me quedó claro que eso es en buena parte una tontería: primero, cada hábito pide un número distinto de días, y segundo, se puede acortar mucho el tiempo para adoptar hábitos nuevos o soltar los viejos si se siguen las reglas del autor: hacer el hábito obvio (buenos) / menos obvio (malos), hacerlo fácil (buenos) / difícil (malos), etc.
¿Me sirvió este libro e introduje al menos un hábito con su método? Creo que sí: introduje al menos un hábito siguiendo claramente el enfoque del libro. A los 30 años expulsé una piedra pequeña del riñón, cosa que incluso conté en mi blog. No se preocupen, el riñón y yo estamos bien y desde entonces he ido al médico y me han hecho ecografías varias veces. Una de las causas de la piedra fue no beber suficiente agua. Sí, bebo mucho té pero casi nada de refrescos para no dañar el estómago y otros órganos. Pero no se puede beber tanta cantidad de té y café, y por desgracia dañé el riñón. No me gustaba mucho el agua: ¿cómo va a gustar? Líquido sin sabor que no aporta placer al beber (a menos que llegues a casa tras un run). Pero en cualquier caso desde entonces bebo agua con regularidad y en cantidad. Hice el hábito obvio: casi siempre tengo un vaso de agua en el escritorio. Además a veces bebo agua después de lavarme por la mañana, enlazando así el nuevo hábito a uno viejo.
Lleguemos a la conclusión principal del capítulo. ¿Qué han de hacer? Les conviene mucho deshacerse de malos hábitos como ver la tele, series, leer redes sociales y juegos de ordenador o móvil. Al deshacerse al menos de parte de esos malos hábitos no se volverán por eso solos más productivos ni se acercarán a sus metas. Pero al menos liberarán parte de su tiempo. Para tener más éxito harán falta nuevos buenos hábitos. Quizá tras leer este libro o uno específico sobre hábitos adopten varios o muchos a la vez, pero en la práctica para alcanzar sus metas solo hace falta uno. Así que les pediré una sola costumbre que ha de formar parte de su día a día: la revisión diaria de sus tareas con el plan escrito de metas, del que hablaremos tanto en este libro teórico como en el siguiente práctico. Fue gracias a este hábito como pasé a un nivel totalmente nuevo de planificación y logro de metas.