No es raro que me pregunte qué separa una buena película de una mala, y en este caso, qué es lo que distingue a Una batalla tras otra de otros filmes de acción de usar y tirar. ¿Sería esta película tan popular si no la hubiera dirigido Paul Thomas Anderson, sino algún director menos conocido? ¿Sería igual de popular si, en lugar de Leonardo DiCaprio y Sean Penn, hubieran actuado otros intérpretes? No hay una respuesta definitiva, pero sospecho que, aun así, este filme de acción se diferencia de todos los demás porque los temas que aborda son bastante poco convencionales e importantes, y eso es justo lo que intentaré contar a continuación.
Lo primero y más evidente que salta a la vista es la imagen poco habitual de Leonardo DiCaprio. Además, ya ligeramente envejecido, si lo comparamos con otros de sus papeles en películas de culto que salieron unos 10 o 15 años antes. Y aunque DiCaprio no sea mi ídolo, veo con gusto todas sus películas, y después de ver esta, dan ganas de decirle: «Leonardo, para y no envejezcas, que necesitamos muchas más películas tuyas».
Por cierto, si hay alguien que sin duda ha envejecido, ese es Sean Penn. Eso sí, por Asfalto salvaje ya había asumido hasta cierto punto que ya no interpreta papeles juveniles. DiCaprio estuvo bien en esta película, como siempre, pero el papel y la interpretación de Sean Penn me gustaron incluso más que los de DiCaprio. En algunas escenas, su personaje resultaba aún más emocional e interesante.
Ahora, si dejamos a un lado los elogios a los actores, nos abstraemos e imaginamos que allí actuaban intérpretes desconocidos, intentaré describir por qué esta película no está mal.
Estos son los problemas que plantea esta película. El primero y principal, que incluso se desprende del título, es la temática del enfrentamiento infinito. Un enfrentamiento que afecta a mucho más de una generación, que influye tanto en adultos como en niños, y cuyos problemas planteados a la sociedad nadie resuelve en décadas. ¿Por qué la gente libra batalla tras batalla, cada una de las cuales no hace sino intensificar y agravar la situación? ¿Cuándo y quién debe ser el primero en detenerse para poner fin a todo lo empezado?
En segundo lugar en importancia, pondría el problema del pasado que te persigue y del que no logras deshacerte, cambiar ni reescribir. Es una carga para tu presente y tu futuro. Paradójicamente, ambos protagonistas sufren este problema: Leonardo DiCaprio, por la actividad revolucionaria en la que participó hace más de 15 años, y Sean Penn, por un antiguo contacto sexual. Sus motivos y razones son distintos: Sean Penn intenta enmendar su pasado, mientras que DiCaprio, en principio, acepta dejar todo como está, siempre que ese pasado no lo perturbe en su presente y futuro.
Las preguntas fundamentales que se plantean en este problema son: ¿qué hacer cuando tu pasado entorpece tu futuro? ¿Cuál es el precio de los errores del pasado, cuando no sabías ni podías imaginar a dónde te llevarían?
El tercer tema que la película refleja bastante bien es la importancia de la familia. Tanto en sentido literal —desde la crianza de un hijo, incluso ajeno, hasta lo que los padres son capaces de hacer por sus hijos— como en un sentido más amplio, a nivel de pueblos y culturas, cuando en un país extranjero tus propios compatriotas pueden prestarte cualquier ayuda y tenderte siempre una mano.
Así, pasando suavemente del tercer tema importante —el tema de la familia—, pasaría al cuarto, un tema político-social que se muestra desde el primer minuto de la película. Aquí entran problemas como la migración, el racismo y los prejuicios hacia personas de otra raza. Todo ello acaba provocando la aparición de revolucionarios y diversos grupos de resistencia.
Y aquí surge una pregunta muy importante: ¿dónde está el límite entre los fanáticos que ansían la revolución y las personas que quieren que se las tenga en cuenta y que no haya injusticias contra ellas —ya sea por criterios racistas o socioeconómicos—?
El chantaje, el pensamiento estereotipado, la formalidad y las normas, el uso del poder para fines personales… todo eso también aparece en esta película, y no voy a destacarlo por separado como una temática adicional.
Esto es lo que puedo añadir sobre esta película. En cuanto a duración, es muy larga: casi 3 horas. Sin embargo, el argumento es tan vivo y ágil que la película no te va a aburrir en absoluto. En ocasiones es obscena, grosera y está impregnada de violencia. Por género, es una mezcla de sátira política, drama criminal, acción e incluso comedia.
Así que si en algún lado ven un thriller o una película de acción que aborde tantos problemas, todos bien empaquetados en una trama unitaria, rodada en varios géneros a la vez y que además se deje ver con viveza e interés, sepan que están ante un buen cine.